La ciencia que viene

¿Se puede fabricar oro?

Publicado el 21 de febrero de 2026

Javier Arricibita Innerarity

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Ilustración de Lucía Boned

“¡Eureka!” Esta expresión de júbilo fue utilizada por Arquímedes de Siracusa cuando descubrió cómo medir el volumen de un cuerpo irregular, una corona de oro. En este caso, un hallazgo científico relacionado de nuevo con el oro ha vuelto a desatar la euforia en los investigadores, haciendo realidad el sueño de todo alquimista: convertir metales pesados en oro. Su brillo, color y condición de metal noble (resistente a la corrosión y oxidación) lo han convertido en uno de los materiales más codiciados en la historia. Desde siglos anteriores a Cristo se ha utilizado con múltiples fines, como la creación de joyas o el acuñamiento de monedas.

A día de hoy, gracias al Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del CERN, Organización Europea para la Investigación Nuclear (Ginebra, Suiza), el sueño de crear oro es más que posible. El equipo LHC es un acelerador de partículas de forma circular y con 27 km de longitud (casi 9 kilómetros de diámetro). Para ilustrar la magnitud de estas dimensiones, si el centro del equipo estuviera situado en el Hexágono de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra, la circunferencia del equipo pasaría por el aeropuerto de Noáin, el pie del monte San Cristóbal en Artica, Mendillorri y Gazólaz, entre otros. En este equipo, las partículas de estudio se aceleran a velocidades cercanas a la de la luz (a más del 99,999%) y se hacen colisionar entre ellas. Estas colisiones liberan una gran cantidad de energía que permite a los físicos de partículas investigar propiedades del mundo subatómico. Por ejemplo, en 2012 se descubrió en este laboratorio el famoso Bosón de Higgs, una partícula elemental estrechamente relacionada con el origen de la masa de los cuerpos.

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Izquierda: el recorrido real del LHC en Ginebra. Tomada de: este enlace.

Derecha: el recorrido hipotético en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra. Figura de Javier Arricibita

El experimento ALICE (A Large Ion Collider Experiment) liderado por Marco Van Leeuwen, colisionaba iones de plomo entre sí. Estos iones son átomos normales de plomo, pero que han perdido algunos de sus electrones. El objetivo inicial de estas colisiones no era obtener oro, sino un estado de la materia conocido como plasma de quark-gluones (¡existen hasta 8 estados de la materia, no solo sólido, líquido y gas!). Se sospecha que este estado formó parte del Big Bang, por lo que estudiar sus propiedades podría desvelar información sobre los orígenes de nuestro universo.

Sin embargo, todo investigador que se precie sabe que en ciencia los experimentos no siempre satisfacen las hipótesis iniciales. En este caso se encontraron inesperadamente con que parte de los átomos de plomo se habían convertido en oro. ¿Qué pudo pasar? Para saberlo hay que conocer un poco mejor la estructura atómica tanto del plomo como del oro. 

Los átomos están formados por tres tipos de partículas fundamentales: protones, neutrones y electrones. Aunque un átomo de plomo pierda electrones o neutrones, seguirá siendo plomo; simplemente se habrá convertido en un ion o un isótopo respectivamente. Sin embargo, el número de protones sí es único para cada tipo de átomo. Todos los átomos de plomo en el universo tienen 82 protones, ni uno más ni uno menos. Esto implica que un cambio en el número de protones sí lo convertiría en un elemento diferente.

El oro tiene 79 protones frente a los 82 que posee el plomo. Por lo tanto, si de alguna forma se consiguiera eliminar 3 protones de los átomos de plomo, se estaría obteniendo nada más y nada menos que oro, un logro que ya se ha alcanzado en el CERN. En las colisiones, los átomos de plomo perdían algunos protones, generando talio, mercurio y oro (en función de si perdían uno, dos o tres protones respectivamente). 

Estas colisiones y la consiguiente pérdida de protones no constituyen un fenómeno inédito. Lo novedoso de este experimento es que, en lugar de chocar directamente, las partículas pasaban de refilón sin llegar a tocarse (“near-miss collisions”). A pesar de no llegar a tocarse, el intenso campo electromagnético que rodea a las partículas induce determinadas interacciones en sus vecinas, conduciendo a la expulsión de algunos protones. 

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Tomado de: este enlace.

En este experimento se consiguieron obtener 90 mil millones de átomos de oro. Parece una cantidad suficiente como para acabar con la pobreza en el mundo, pero lamentablemente no es así, ya que tan solo corresponde a unos pocos picogramos (0,00000000003 gramos). De hecho, para obtener tan solo un gramo de oro harían falta unos 3 mil trillones de átomos. Por si eso no fuera inconveniente suficiente, el oro obtenido no es muy estable, sino que rápidamente se pierde. En resumen, todavía no se ha encontrado la piedra filosofal. 

Por lo tanto, si no se ha conseguido sacar provecho del experimento, ¿qué importancia tiene? El valor de este hallazgo no reside en la producción de oro, sino en el conocimiento que aporta. Estos experimentos demuestran que, gracias a la física de partículas, es posible modificar la estructura misma de la materia, algo que durante siglos fue solo un sueño alquimista. Más allá de la anécdota de haber creado oro, lo realmente importante es que nos acerca a comprender mejor las fuerzas fundamentales del universo, la formación de la materia tras el Big Bang y los límites de la física actual.

Bibliografía

[1] Acharya S, Agarwal A, Aglieri Rinella G, Aglietta L, Agnello M, Agrawal N, et al. Proton emission in ultraperipheral Pb-Pb collisions at sNN=5.02 TeV. Phys Rev C. 2025;111(5). Disponible en: http://dx.doi.org/10.1103/physrevc.111.054906