Horizontes de la ciencia: el origen del cerebro
Publicado el 17 de marzo de 2026
Jimena Miguel Serna
Ilustración de Jimena Miguel Serna
El Doctor Francisco Javier Novo lleva años moviéndose entre disciplinas de la ciencia, pasando de la genética a la bioinformática. Pero en el fondo hay una idea que conecta toda su trayectoria, y es la curiosidad por entender cómo funciona la vida. Esa inquietud, que lo acompaña desde pequeño, es también la que le ha llevado a interesarse por uno de los grandes enigmas de la ciencia: el cerebro.
Lejos de ofrecer respuestas cerradas, la conversación con el Dr. Novo dibuja un panorama en el que conviven los avances de la biología con sus actuales interrogantes.
¿Cuáles fueron los primeros animales en contar con un sistema nervioso que podamos decir que tenía organización cerebral?
Aquí conviene distinguir entre la aparición de neuronas y la aparición de un cerebro como tal. Las primeras redes nerviosas surgirían en animales como cnidarios, por ejemplo, medusas o hidras, pero eso todavía no sería un cerebro.
Los primeros cerebros sencillos aparecerían más tarde, en animales con cierta cefalización, como es el caso de la planaria. En esta especie ya se observa unas manchas oculares, mucho más primitivas que los ojos humanos, pero que permiten la recepción de fuentes de luz y que están conectadas a dos cordones neurales.
Después, en los vertebrados tempranos, vemos una organización más clara con una estructura nerviosa central más definida, con el comienzo de la formación del cerebro y la médula espinal. Esta debió surgir hace 600 millones de años, aproximadamente en la época del Cámbrico.
Ilustración de Jimena Miguel Serna
¿Qué genes hay implicados en ese proceso?
Es curioso, porque los genes implicados en la formación de las neuronas son mucho más antiguos de los que creemos. Lo que ha sucedido, es que se han “reutilizado” para una función más especializada. Estos pueden ser los que permiten la sinapsis (la comunicación entre neuronas), los canales de iones, la adhesión de células o la organización del esqueleto celular.
¿Cuáles fueron las presiones selectivas que influyeron en la formación del cerebro humano?
Una de las más importantes fue la necesidad de responder al entorno con rapidez. Cuando puedes ser depredado, detectar estímulos, moverse, orientarse, huir o atacar marca una diferencia enorme.
Cuando los ecosistemas se vuelven más complejos y esas interacciones se intensifican, disponer de un sistema nervioso más eficaz se convierte en una gran ventaja evolutiva.
¿Cómo se organiza, a grandes rasgos, el cerebro humano y qué lo distingue de otros animales?
El cerebro humano es, en esencia, un cerebro de mamífero y de primate. Conserva estructuras muy antiguas, relacionadas con funciones básicas, pero presenta una expansión enorme de la corteza cerebral.
Lo que más lo distingue es precisamente ese desarrollo de la corteza, especialmente de las áreas de asociación de ideas y de la corteza prefrontal, que se encarga de la ejecución de tareas. Ahí se apoyan funciones como la planificación, la integración de información, el lenguaje, la cooperación o el desarrollo tecnológico. No todas las regiones crecen por igual: algunas áreas se han expandido mucho y otras tienen un peso relativo menor.
¿Cómo pudo producirse evolutivamente ese aumento de complejidad?
Fue un proceso lentísimo y todavía no lo podemos reconstruir por completo. Sabemos que existen variantes genéticas humanas relacionadas con el crecimiento de la corteza cerebral que no aparecen en chimpancés, y que cuando se estudian experimentalmente en ratones tienen efectos en el crecimiento del cerebro (un mayor desarrollo de la corteza prefrontal en comparación con la inserción de genes de chimpancés o de los propias del ratón).
Además, no solo importa qué genes tienes, sino cuándo y dónde se activan. Cambios pequeños en la regulación genética durante el desarrollo embrionario pueden modificar mucho la formación de la corteza y de otras estructuras cerebrales.
Ilustración de Jimena Miguel Serna
¿Ese gran desarrollo cerebral tiene también desventajas?
Por supuesto, la principal es su enorme coste energético. El cerebro humano consume muchísima energía. Además, si el cerebro aumenta de tamaño, otras estructuras también tienen que adaptarse, como el cráneo. No basta con que crezca una parte: tiene que haber una evolución coordinada de muchos elementos anatómicos y fisiológicos.
El lenguaje es algo universal en el ser humano, todas las culturas en todas las partes del mundo desarrollan un lenguaje complejo ¿cómo surge este?
Es una cuestión muy compleja. El lenguaje simbólico completo, con gramática desarrollada y gran capacidad de abstracción, probablemente sea propio del Homo sapiens moderno. Eso no significa que especies anteriores no se comunicaran, pero lo harían de una forma más limitada.
A nivel cerebral, intervienen áreas muy importantes como regiones del lóbulo frontal y zonas relacionadas con el procesamiento del lenguaje, entre ellas el área de Broca y de Wernicke. Pero además hace falta una coordinación muy precisa entre anatomía, control motor y procesamiento simbólico. Por ejemplo, el control de los músculos de la lengua para formar palabras es muy complejo.
¿Cuál es la base biológica de la consciencia?
La verdad es que nadie lo sabe realmente. Y parte del problema es que ni siquiera hay un consenso total sobre qué entendemos por consciencia. No es exactamente lo mismo estar despierto y percibir el entorno que tener autoconciencia o sentido del yo. Parece que las regiones frontales tienen un papel importante, pero seguimos ante una de las grandes preguntas abiertas tanto de la neurociencia como de la filosofía.
Un ejemplo interesante es el Alzheimer: cuando la enfermedad avanza mucho, puede alterarse la memoria, la continuidad de la experiencia personal e incluso el sentido de identidad. Eso sugiere que memoria, conciencia e identidad están profundamente conectadas.
¿Hay genes que predispongan a enfermedades neurodegenerativas?
En enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson se conocen genes implicados, sobre todo se han documentado casos familiares, que son menos frecuentes, pero genéticamente más claros.
Muchas de las rutas implicadas tienen que ver con los sistemas de limpieza y mantenimiento del cerebro. Cuando fallan esos mecanismos, o se producen más proteínas tóxicas de las que pueden ser eliminadas, las neuronas acaban dañándose y mueren.
Para nuestro cerebro, ¿qué es más importante: felicidad o supervivencia?
Desde un punto de vista evolutivo, durante mucho tiempo la prioridad fue claramente la supervivencia. Pero en sociedades como las actuales, donde muchas necesidades básicas están más cubiertas, el bienestar y los vínculos sociales han ganado mucho peso.
Quizá la cuestión no sea tanto aspirar a una felicidad permanente, como desarrollar estrategias mentales que nos permitan mantener cierto equilibrio incluso en situaciones difíciles.
¿Qué gran cuestión sobre el cerebro le gustaría que se resolviera?
Me parecería fascinante poder modelizar el funcionamiento del cerebro en un ordenador con muchísimo detalle.No solo saber qué regiones se activan, sino qué neuronas y qué sinapsis concretas participan en cada proceso. Poder estudiar el cerebro como un sistema completo sería un avance enorme.
Muchas gracias por concedernos esta entrevista.
Queda una idea clara: el cerebro sigue siendo uno de los mayores enigmas de la biología. Francisco Javier Novo Villaverde lo aborda desde la genética, la evolución y la bioinformática, pero también desde una actitud esencialmente científica: la voluntad de seguir preguntando. Porque comprender cómo pensamos, cómo surgimos y qué nos hace humanos sigue siendo, en el fondo, una de las preguntas más fascinantes que podemos hacernos.
