Salud y ciencia

¡No te duches!

Publicado el 9 de octubre de 2026

Cristina Galindo Martínez

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no te duches

Ilustración de Lucía Boned.

Rutinas y rutinas de skincare. Cremas, lociones, tónicos, mascarillas. Muchas influencers promueven productos cosméticos y su venta nunca ha visto una época mejor. Ahora bien, ¿qué tal les sientan a los bichitos que tenemos en la piel?

Aunque se habla mucho de cuidar la flora intestinal, la piel también está colonizada por todo un ecosistema de microorganismos; tanto bacterias como arqueas, hongos y virus. Esta microbiota cutánea tiene una importancia vital, no solo para la salud de la piel, sino también para otros procesos, como el desarrollo del sistema inmunológico. 

La barrera de la piel está formada por una capa cargada de lípidos y proteínas, con glándulas y folículos que expulsan muchas sustancias como, por ejemplo, enzimas, sales y pequeñas moléculas que sirven para combatir microbios indeseados. Algunas de estas moléculas sirven como alimento para las bacterias, que pueden utilizarlos como combustible y liberar a su vez otras que nos vienen de maravilla. Este es el caso de Cutibacterium acnes, que está presente cerca de las glándulas sebáceas y usa como alimento el sebo que producimos. Para ello, produce unas enzimas llamadas lipasas, cuya función es romper los lípidos en ácidos grasos. Estos subproductos ayudan a mantener la superficie de la piel ácida, manteniendo un ambiente poco favorable para otros microorganismos. 

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Imagen de microscopía de Propionibacterium acnes. Tomado de: este enlace

En condiciones normales, la mayor parte de estos microorganismos de la piel viven bien como comensales (solo ellos se benefician pero no causan daño) o bien en simbiosis (ambos nos beneficiamos). Con «condiciones normales» nos referimos principalmente a aquellas situaciones en las que la barrera cutánea no tiene daños y el sistema inmune está en equilibrio con la microbiota. 

Cada persona cuenta con su propia «nube» de bacterias y emite entre 106 y 107 microbios derivados de la piel por hora. Increíble. Muchos factores tienen influencia en la cantidad y diversidad de bacterias. Desde la temperatura y la humedad ambiente hasta el nivel de ventilación, calidad del aire y exposición a la luz ultravioleta. Incluso las personas con las que nos relacionamos pueden tener cierto impacto en la microbiota, puesto que podemos intercambiarla e influir en aquella de nuestros convivientes.

Entre las muchas actividades del día a día, el lavado corporal tiene un puesto clave en el cuidado de la piel y en la eliminación de posibles contaminantes y microorganismos potencialmente patógenos (es decir, que causan enfermedades), ya que durante este proceso muchos y muy distintos ingredientes entran en contacto con ella. Por ejemplo, la eficacia de limpieza de un gel corporal depende en cierta medida de los surfactantes que haya en la composición. Un surfactante es un agente químico que por sus características tiene una región hidrófoba que repele al agua y otra hidrófila que atrae al agua. Así, un surfactante tiene la capacidad de arrastrar sustancias grasas de la superficie de la piel, como el sebo que nosotros expulsamos o contaminantes; las dispersa en agua y las hacen más fáciles de retirar. 

No obstante, estos surfactantes pueden interactuar con otras moléculas de la piel como, por ejemplo, la queratina que tenemos en las uñas y en el pelo, alterando su estructura y produciendo una hinchazón en la capa más externa de la piel. Antes de que cunda el pánico, es importante considerar que todo lo que entra en contacto con la piel, incluso el agua de grifo, tiene un efecto en su pH, el contenido de lípidos y el nivel de hidratación. El problema radica en cuánto tiempo le cuesta a la piel y la microbiota recuperar su equilibrio. 

Aquí está la cuestión: limpiar la piel puede modificar temporalmente el ecosistema que vive sobre ella, pero que cambie la microbiota no significa necesariamente algo perjudicial. De hecho, ayuda a eliminar microorganismos potencialmente patógenos. El problema aparece cuando se intenta convertir la piel en una superficie completamente limpia. Aunque es bastante complicado, tampoco sería beneficioso para nosotros. 

La microbiota cutánea cumple unas tareas bastante parecidas a las que tienen los microorganismos de la flora intestinal. Compiten por el espacio y los nutrientes con otros microorganismos y producen sustancias que dificultan el crecimiento de posibles patógenos, como en el caso que se ha mencionado anteriormente acerca del Cutibacterium acnes. Otro caso relevante es el de Staphylococcus epidermidis, una bacteria habitual de la piel que puede aprovechar nutrientes presentes en las secreciones y, a cambio, producir sustancias antimicrobianas que dificultan el crecimiento de otras bacterias como Staphylococcus aureus. Esta puede causar infecciones cutáneas leves, pero si entra en contacto con otros órganos o la sangre es causa frecuente de neumonía, endocarditis o síndrome del shock tóxico, sobre todo en personas con factores de riesgo. 

También es importante aclarar que todos convivimos con bacterias que pueden causar enfermedad, pero esto solo sucede cuando se rompe el equilibrio de la microbiota o entre ésta y el sistema inmune. Muchos potenciales patógenos están presentes, pero controlados, e incluso pueden ayudar a estimular y mantener funcionando nuestras defensas. El mismo Cutibacterium acnes en determinadas condiciones puede participar en procesos inflamatorios como el acné y Staphylococcus aureus puede residir en la piel sin generar ninguna molestia. 

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Imagen de microscopía electrónica de Staphylococcus epidermidis. Tomado de: este enlace

En definitiva, la microbiota cutánea es una comunidad dinámica capaz de adaptarse a los cambios de su entorno. Con el lavado no solo se eliminan microorganismos, sino también los lípidos y la humedad de la piel, lo que puede alterar temporalmente las condiciones en las que viven las bacterias y la relación entre ellas, las células de la piel y el sistema inmune. 

Entonces, ¿cómo deberíamos ducharnos? Cada piel no responde de la misma forma a la frecuencia, los productos utilizados y sus ingredientes. El objetivo consiste en evitar alteraciones innecesarias de un ecosistema que nos protege, aunque queda mucho por investigar en esta área. 

En un experimento realizado a treinta mujeres se estudió la evolución de la microbiota tras la aplicación de un gel de lavado prestando atención a un ingrediente concreto, el isomerato de sacárido. Se trata de una sustancia higroscópica (que retiene agua) ampliamente usada en cosmética y puede ser utilizada por la microbiota. 

A pesar de las perturbaciones causadas por la aplicación del gel, la microbiota tuvo la capacidad de restablecerse y adaptarse. Se observó una bajada en bacterias relacionadas con infecciones en la piel como Rothia mucilagosa. Por otro lado, aumentó la abundancia de Paracoccus marcusii, una bacteria muy beneficiosa porque produce una molécula llamada astaxantina, un pigmento fotoprotector y capaz de degradar compuestos contaminantes potencialmente carcinógenos llamados hidrocarburos poliaromáticos. 

Al salir de la ducha no dejamos nuestra piel completamente libre de microorganismos; sí eliminamos suciedad, sudor, contaminantes y parte de la microbiota, pero otros microorganismos permanecen. Y, en realidad, eso es exactamente lo que necesitamos que ocurra. 

Bibliografía

[1] Sfriso R, Claypool J. Microbial reference frames reveal distinct shifts in the skin microbiota after cleansing. Microorganisms. 2020;8(11):1634. doi:10.3390/microorganisms8111634.

[2] External Factors and the Cutaneous Microbiome: This review highlights the external factors that influence the skin microbiome, including outdoor and indoor environmental factors, social dynamics, lifestyle, and personal care products. J Integr Dermatol. 2024;1(1). doi:10.64550/joid.hjrcmt43.

[3] Severn MM, Horswill AR. Staphylococcus epidermidis and its dual lifestyle in skin health and infection. Nat Rev Microbiol. 2023;21:97-111. doi:10.1038/s41579-022-00780-3.